Recuerdo que en el anochecer de la Dorada mi abuelita me mandaba a mirar si la alberca se había llenado. Yo iba corriendo a mirar y aprovechaba para comerme unas tres cucharadas de frijoles y mandarle un mordisco a la panela. Estoy seguro que ella sabía lo que yo hacia, pero me dejaba en mi inocencia hacerlo. Que bella!!!
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